lunes, 22 de octubre de 2012

Un árbol de espinas. Por Sergio Antillano A.

Un árbol de espinas
Sergio Antillano A.
Una vez, hace más de veinte años, iba con Leandro Aristigueta por Lagunillas, estado Zulia, y desde el carro, vimos un inmenso cardón, de unos doce metros de altura y de impresionante frondosidad. Detuvimos el auto y nos acercamos bajo el inclemente sol, a ver de cerca ese ejemplar inusual. Era un Cardón de Lefaria (Subpilocereus repandus) y me explicaba Don Leandro, que él no había visto nunca antes, uno de tal edad y porte. Él estaba emocionado; yo lo fotografié junto a aquel singular cardón, tan especial como solitario...se erguía en un terreno desértico, cercano a la vía. 
 
A partir de ese momento, iniciamos juntos, gestiones para encontrar la forma de proteger ese árbol. Redactamos un borrador de Ordenanza Municipal de “árboles monumento”, hablamos con concejales de ese municipio y con medio mundo en esa zona de la costa oriental del Lago de Maracaibo. Finalmente, luego de meses de reuniones, cartas y didácticas explicaciones que brindaba Aristigueta a quien fuera necesario convencer, logramos que aprobaran la Ordenanza y la estrenaran, declarando aquel cardón gigante "Árbol Monumento del Municipio Lagunillas". 
 
El árbol resultó estar en las cercanías de una Asociación de Comerciantes e Industriales de Lagunillas que acogió gustosa nuestra idea de que adoptaran al vetusto cardón y vigilaran su bienestar futuro.
El Instituto de Conservación de la Cuenca del Lago de Maracaibo ICLAM, de aquel entonces, hizo una placa que se colocó a un lado del cardón, con su ficha de identificación y su pomposo titulo de Árbol Monumento; pusimos una pequeña cerca a su alrededor para delimitar su entorno; y realizamos un acto con escolares, vecinos, concejales, gente del ICLAM, comerciantes y muchos otros que se acercaron ese día a celebrar, con himno nacional de por medio, esta inusual acción de amor hacia un cardón de espinas…y a escuchar las palabras de Don Leandro Aristigueta, que ese día agregaba otro árbol protegido a su largo historial.
 
Unos años después, pasé a visitar al monumental cardón, que allí seguía erguido e imponente. En la Asociación de Comerciantes me contaron que con frecuencia venían grupos escolares, de la mano de maestras entusiastas, y a la sombra del cardón había actividades didácticas. Tanto era así, que la Asociación había impreso un folleto sobre su botánico hijo adoptivo, para repartir a los uniformados y bulliciosos escolares, que retando el calor y el sol, venían a visitar a este árbol anciano.
 
Leandro Aristigueta falleció hace unos días, después de sembrar mucho. Varios jardines botánicos y Parques del país recibieron el cuido de su sabiduría y esfuerzos. Experto botánico y emprendedor incansable, son muchas las plantas que dan sombra y producen oxigeno hoy en Venezuela, gracias a su labor.
 
Es necesario revisar cada caso ejemplar de venezolanos de bien, que ayudaron o ayudan a preservar la naturaleza y prodigiosa Biodiversidad de Venezuela. Y al explorar sus caminos de éxitos, será fácil reconocer los factores que contribuyeron a que sus sueños se alcanzaran. Uno de esos componentes fundamentales de la construcción de país y del proceso civilizatorio, es la conjunción de esfuerzos entre el sector público y el privado, el respeto a los conocimientos y la diversidad de actores en cada iniciativa.
La pluralidad y diversidad son imprescindibles para el concierto de elementos que requiere hacer bien, lo que debe hacerse. Articular los diversos sectores, acercar el conocimiento científico, escuchar la voz de los emprendedores, innovar y educar, son necesarios en el crecimiento armonioso y saludable de un árbol, y de un país. 
 
Es necesario defender, cuidar y proteger los grandes árboles; los ejemplares monumentales de la vegetación urbana. Esos seres centenarios que crecen silenciosos en nuestras aceras y otros espacios urbanizados, nos proveen sombra, aire limpio, y espectacular paisaje. Son hábitat de muchas especies; alojan insectos, aves, mamíferos y otros seres vivientes. Sirven de forraje al suelo, para evitar deslaves y derrumbes; y contribuyen a crear microclimas de bienestar. Aportan una infinita gama de colores variantes al paisaje de la ciudad con sus diversas hojas y flores, y sus cambios, a lo largo del año. Muchos ofrecen alimento a los humanos y dudo que exista quien no haya comido mango de esos miles que inundan las ciudades. Los árboles son, de los más longevos seres vivos con quienes compartimos el espacio urbanizado. 
 
Y tal como un árbol, para vivir longevo, frondoso y alcanzar la grandeza, una sociedad necesita de conocimientos científicos y sabiduría, del respeto a todos y de unidad de propósitos. Así, como a ese cardón, lograremos proteger la vida de la sociedad, por más espinas que tenga.  
 
Subpilocereus repandus
Subpilocereus repandus. Imagen de referencia tomada de Internet
 
Texto difundido por el autor en la Red Oteo Ambiental Venezuela 17/10/2012
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